UN PUEBLO DE CORRIENTES…

 YAPEYÚ 

 

Ayer, 17 de agosto de 2009, se cumplió otro aniversario del fallecimiento del General don José de San Martín, libertador de la Argentina, de Chile, y del Perú.

 

Este prócer nació en Yapeyú, que está en Corrientes.

Hace unos años, durante unas vacaciones, tuve el placer de realizar un viaje en automóvil por la región de la Mesopotamia que comprende las provincias de Entre Ríos, de Corrientes, y de Misiones.

Fue una pequeña aventura, sumamente interesante. A la ida transitar por un túnel subfluvial que pasa por debajo del gran río Paraná, y a la vuelta pasar por un puente extenso en la zona de Zárate. Recorrer diversas ciudades, sitios históricos, y parajes atractivos de la región. Que los hay muchos, en cualquiera de esas tres provincias ubérrimas.

Pude visitar otra vez más la bella Corrientes, donde ya había estado anteriormente, y de la que conservaba un recuerdo estupendo.

En esa zona, hay que cuidarse de la picadura de la Yarará, que es una víbora que tiene un veneno dañino que puede resultar mortal. Las que yo he visto medían casi dos metros.

También, y aquí viene lo más inolvidable, pude residir unos días en el mismo pueblo de Yapeyú. En el lugar de nacimiento de San Martín, autor de una hazaña extraordinaria.

Con un ejército a caballo, en los comienzos del siglo XIX liberó a tres naciones del yugo colonial. Logró con caballos y con cañones subir las alturas, y consiguió cruzar una cordillera, la de los Andes, donde hay precipicios impresionantes, y desfiladeros estrechos.

Recuerdo que en la plaza de Yapeyú había una gran higuera de más de trescientos años de edad. Era un ejemplar hermoso. Se trataba de un higuerón. En guaraní, de un Ybapoy, pues así lo llamaban los lugareños. Bajo su sombra – la misma que a mí me dio en aquellos días mientras sentado leía un libro – jugó San Martín cuando era un niño. Ya no está más; pero han plantado un retoño.

La casa, una vivienda del siglo XVIII donde naciera San Martín, está bajo un resguardo o templete, en el mismo sitio donde estaba emplazada originariamente.

Se puede visitar un Museo Sanmartiniano, y la iglesia que es de estilo neogótico.

El lugar es muy apacible. Es agradable, y es también bello porque predomina el verde del follaje de la vegetación.

Yo la pasé muy bien. Gocé de la paz del sitio, de su encanto natural. Si Dios quiere, algún día pienso volver a Yapeyú, para pasar otros días más de solaz y de reposo.

Hay muy buena pesca, principalmente de dorado, de surubí, y de pacú, peces de carne sabrosa. Y se ven hermosos pájaros. En algunas calles de tierra, se pueden ver unos hongos del lugar, que no sé como se llaman, que crecen naturalmente.

Yo me pude alojar en un establecimiento del Automóvil Club Argentino. En ese entonces, no existía ningún hotel. Ahora, no sé.

El terreno es llano, la altitud sobre el nivel del mar aproximadamente es de sesenta metros, y en general la temperatura es benigna pues registra una media anual solamente superior en unos tres grados centígrados a la templada de Buenos Aires.

Lo último; pero no lo menor: La gente del lugar – Correntina de pura cepa – es simpática y cordial.

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