VOLVER A NACER.

nicholasalkemadeoc4

Las aseguradoras saben los riesgos que entre otros corren los escaladores, los equilibristas en los circos, los operarios que trabajan en las torres, en los postes altos, y los que en las alturas se ocupan de la construcción de edificios (altos y bajos).

Cualquier caída, aún a baja altura, puede implicar uno o varios huesos rotos, más otras contusiones, daños graves en órganos vitales, y a veces, bastantes veces, la muerte.

Generalmente, una fractura de cadera se produce por una caída de una persona que camina a nivel del suelo. No hace falta altura. Y no deja de ser grave, aunque hoy en día se opera, y hay prótesis que reemplazan los huesos rotos. Claro que en la mayor o menor gravedad de estos accidentes incide la edad, sufrir osteoporosis o descalcificación, otros factores, y la fuerza del golpe.

Algunos opinan que cualquier caída de 4 a 9 metros de altura puede significar la muerte, o heridas graves.

No hace mucho, en Buenos Aires, una figura femenina de la televisión cayó desde varios pisos de altura de un edificio elevado. Sobrevivió del golpe mayúsculo; pero para restablecerse primero tuvo que pasar por varias intervenciones quirúrgicas, y después por largos meses de internación y de reposo en cama.

En la ciudad de Mar del Plata hace ya muchos años el actor Olmedo cayó del balcón de un piso alto de un edificio, y falleció en el acto.

Ahora bien, o mal. ¿Qué pasa cuando alguien cae desde más altura? De mucha altura. En el mundo moderno, existen helicópteros, aviones, avionetas, globos aerostáticos y se puede caer desde mil, cinco mil, diez mil metros de altura o sea unos diez kilómetros, y todavía más.

Bueno, ya sé. Existen los paracaídas. Pero…

A veces, no se han abierto, o no se han abierto a tiempo, o eran defectuosos, o no se pudieron usar por distintas circunstancias, o se utilizaron tardíamente.

Hay algunos casos de supervivencia, pese a caídas increíbles de este calibre y de este tipo.

Creo que hará un año leí en un matutino la noticia de que una avioneta – en la que viajaba el destacado dirigente ALFREDO DE ANGELIS – cayó desde unos cien metros de altura por una falla en el motor de la aeronave; pero el involucrado y los otros pasajeros que viajaban con él, salieron ilesos del accidente.

Fue un caso afortunado, más casi de excepción, porque caer desde 100 metros, y salir indemne – aunque sea dentro de una avioneta – es una experiencia que muy pocas personas pueden contar.

“Caí desde 6.000 metros y estoy vivo” fue el título de un artículo escrito por el protagonista del heroico percance que fuera publicado en la revista Selecciones del Reader´s Digest de octubre de 1958.

Me interesó en su oportunidad, y lo leí.

Se trata de la caída sin paracaídas la noche del 24 al 25 de marzo de 1944 en las inmediaciones de Berlín desde 6 kilómetros o sea desde 6.000 metros de un sargento Británico de la RAF durante la segunda guerra mundial.

 

Este hombre – cuya fotografía se puede ver más arriba – se llamaba NICOLÁS ALKEMADE.

No le quedó más remedio que tirarse de su avión Lancaster porque la aeronave, la envoltura de seda del paracaídas, y él mismo, ya estaban en llamas.

Así que entre morir horriblemente quemado dentro del aeroplano, y morir afuera por el golpe, prefirió sin paracaídas tirarse del Lancaster, y ser muerto destrozado por el impacto en tierra. Fue una opción entre dos tipos de fallecimiento.

Era de noche. Serían las tres del nuevo día. Estaba herido. El fuego ya le estaba quemando el cuerpo. El avión incendiado estaba cayendo. Y, entonces se arrojó.

Se sintió caer libremente feliz de haberse alejado del calor del incendio.

Y durante la caída – que le pareció descansada, larga, y placentera – gozó en su mente del cielo estrellado, y de una serenidad especial. Sabía que iba a morir, y en unos instantes. No más.

Pero quiso la providencia que cayera sobre las ramas de unos abetos que disminuyeron la fuerza del impacto.

Y en definitiva, el cuerpo de ALKEMADE, rebotando de las ramas de esos árboles fue a dar sobre un gran colchón de malezas y de nieve del suelo, pues esa semana había estado nevando copiosamente. Por unos instantes, que nunca supo cuanto duraron, perdió el conocimiento.

Poco a poco, lo recobró. A pesar de sus heridas, de que le dolía el tobillo porque estaba torcido, y de las quemaduras en el cuerpo, encendió un cigarrillo.

Se sentía íntegro, con todo su cuerpo, con sus extremidades, y se dio cuenta del milagro que todo ello significaba por lo que desde el fondo de su corazón y con sus labios dió gracias a Dios.

Y luego comenzó a usar su silbato de piloto, con el objeto de advertir a los nazis sobre el sitio donde estaba.

Veía a los proyectores iluminar el cielo. Y oía en la oscuridad el estruendo de alguna bomba, y las voces de mando de los soldados y de los policías que empezaban a buscar el lugar donde se originaban los sonidos del silbato.

No se olviden que era de noche, que había un apagón por el bombardeo aliado, y que Alemania ya no era el país de los tiempos de la preguerra, sino una nación a diario bombardeada, medio en ruinas, camino de la devastación casi total.

No tenía ropa de abrigo. Hacía mucho frío, estaba helando.

Ahora que seguía vivo, no, ALKEMADE no quería morir congelado. Al rato, y gracias a los pitidos del silbato, los nazis lo hallaron. Al principio creyeron que era un espía, y lo trataron desconsiderada y rudamente.

Después de ubicar los restos del avión con lo que quedaba del paracaídas quemado dentro del mismo, advirtieron que efectivamente era un aviador derribado, que se había arrojado sin paracaídas y que se había salvado milagrosamente de morir. Y sintieron asombro, y admiración.

¡Pues era un caso único y sin precedentes en los anales de la era de los dirigibles y de la aviación!

En esos días de belicismo y de muerte, los militares acostumbrados a matar, y a morir, sintieron el contraste de este caso con el contexto general, percibieron que la vida había triunfado sobre la muerte.

Todo el episodio de la caída, y de la posterior operación de rehabilitación en un hospital alemán, fue certificado por las autoridades de esos tiempos.

Y por los libros de la Gestapo que intervino en la captura, y en la posterior prisión en el campo de prisioneros Dulaf Luft.

El hecho que un piloto hubiera sobrevivido a tamaña caída era tan insólito que durante todo el cautiverio fue visitado por oficiales y por soldados alemanes que deseaban verlo o conocerlo.

El suceso quedó registrado oficialmente, de manera que quedó certificado. Por otra parte, luego en Inglaterra fue incorporado a la Historia Oficial de la Real Fuerza Aérea.

El de este aviador, no es el único caso en el mundo de una caída sin paracaídas desde varios kilómetros de altura.

Actualmente, hay gente que a gran o a baja altura se tira, y abre el paracaídas en los últimos instantes probables de caer a tierra sin daño de lesionarse o de morir, y luego de muchos metros en caída libre. Lo hacen por gusto y por deporte.

 

En otro caso del que tengo noticia, si bien la única sobreviviente cayó desde 10 kilómetros de altura, lo hizo dentro del avión protegida por la estructura metálica del aparato.

De todas maneras, es otro milagro. Y éste último sí figura en el Libro de los Records, debido a que fueron 10.200 metros.

Pero lo que es a mí, que ALKEMADE se haya salvado de la caída y luego de la Gestapo, me parece aún más milagroso.

———&————

 

Explore posts in the same categories: Uncategorized

Etiquetas:

You can skip to the end and leave a response. Pinging is currently not allowed.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: