EL SOL SALIÓ PARA MÍ.

 

 

sol

 
“Para el psicólogo Thorwald Dethlefsen y el médico Rudiger Dahlke no hay una diversidad de enfermedades curables, sino una sola enfermedad determinante del “mal-estar” del individuo” (y vaya que me sentía muy mal), “la cual se manifiesta por medio de diferentes cuadros clínicos”.

No sé, lo único que sé, es que me sentía pésimo.

Ellos dicen: “Lo que nosotros llamamos enfermedades no son sino síntomas de esta única enfermedad.” “El enfermo no es víctima inocente de errores de la Naturaleza, sino su propio verdugo.” (La enfermedad como camino, Ediciones Plaza Janes, Spain, 1990).

Es una interpretación distinta de la medicina, un posible método para del descubrimiento del sentido profundo de las enfermedades.

Pero…

¿Yo tenía o no dengue? ¿Estaba a la moda, o no como siempre? ¿Era un hombre sano que no se ignoraba enfermo?

En mi dormitorio, estaba frente a mí.

De impecable guardapolvo blanco almidonado.

Era un médico, se notaba por el etetos…eter…estetocopio (¡Qué pálabra difícil de pronunciar!), que le colgaba del cuello, por los anteojos, y por un no sé qué de salido de sala de hospital. Y un médico de los más famosos en el cementerio.

Auscultaba, auscultaba y auscultaba. Golpeaba en mi pecho aquí, allá, y en el más allá…

Me pareció que sonaba hueco….(°°°¡Me va a matar con estos golpecitos! – pensé…).

Seguía esforzándose, y repitiendo toda la rutina de una de sus raras visitas médicas a domicilio.

Las eminencias, los profesores no vienen, uno va a la consulta. Había hecho una excepción por ser yo quién soy, un ilustre don nadie, más mil dólares.

Al parecer había concluído la revisación, y hasta la presión me había tomado, con el popular aparato:

_ ¡Súbase los calzones del pija mas! – dijo imperativamente.

_ ¿Y doctor, tengo o no dengue?

_ No, no es dengue. Se manifiesta con otros síntomas, nada que ver…

Un ¡Lo siento! – me pareció escuchar como si captara mi decepción, pero no, era mi imaginación delirante – y se sentó imperturbable en el sofá, mirándome a los ojos. Hizo contacto con mi alma una milésima de segundo.

Esos ojos emitían un rayo. Y aunque desde hace décadas soy un Raja yoga occidental, esta vez me sentí otro, otro individuo, un simple ser humano, un tipo vulgar indefenso. No pude sostener la mirada, y bajé los ojos, con culpa.

_ ¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento tan mal? , Profesor.

_ Ya se le va a pasar, aunque por mucho menos murió mi abuela, haga reposo, mucho reposo. Lo que tiene que hacer es reposo – dijo como para sí. Y agregó:

Desde ahora en adelante, cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada semana, cada vez que respire… va a hacer reposo… hasta que se sienta bien, y nada más que…: RE-PO-SO. Usted va a vivir muchos años, todavía. (Coincidía con una profecía sobre mi persona o Matusalén que conocía muy bien).

¿Estaba oyendo bien? ¿Y los remedios, los comprimidos, el tratamiento?… ¿Y el maldito dengue?

REPOSO, SÓLO DULCE REPOSO.

¡ES LO QUE VENGO HACIENDO TODOS LOS DÍAS DE LOS AÑOS QUE TENGO DE VIDA! Y aún no me han propuesto para el Nobel de Medicina.

 

 

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